La memoria del agua y el barro

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“El agua tiene memoria”, una frase que oí hace 10 años atrás, luego que mi profesor de la cátedra de hidráulica dibujara “un río con una casa en el medio”. 5 años más tarde iba a terreno a las quebradas de Camiña y Tarapacá (ubicadas en la Región de Tarapacá), donde observando centenares de viviendas destruidas por el aluvión de marzo de 2012, reconocí un aspecto particular: “los cementerios se encontraban en la cima de los cerros más altos” y los vestigios que allí quedaban eran los más antiguos de cada poblado. Los 3 aspectos señalados anteriormente, la frase, el dibujo, y los cementerios, poseen un aspecto en común: “la memoria”. Y es que donde hay una roca grande (tal cual adorno en el patio de la casa) o existe huella de alguna inundación, aluvión u otro, es un lugar que posee el potencial para que vuelva a suceder un evento cuyas consecuencias sean irreparables.

Mediante las cámaras de nuestros celulares, hoy podemos dar a conocer a los demás cuando el río de barro llega a la ciudad y se desborda, destruyendo casas, y arrastrando lo que está a su paso. Las imágenes nos generan tristeza e impotencia para los que tenemos en nuestras manos algo de conocimiento técnico y por lo tanto, tenemos la responsabilidad de planificar el poblado.

Latemporal agosto 1s “tomas” representan el mayor de los problemas a la hora de evaluar un sector vulnerable ante riesgos naturales. Quebradas que aparentemente están secas, vuelven a la vida luego de cada tormenta, por lo tanto debemos alejarnos del eje o centro del cauce natural (río, estero o quebrada) y su planicie de inundación, para evitar el desastre que puedan causar estos fenómenos, puesto que es muy probable que cuando llueva, el cauce pueda alcanzar niveles de crecida sorprendentes.

Es cierto que estos eventos ocurren cada 20 años (o más), pero si se vuelve a construir en el mismo lugar donde alguna vez se inundó, o pasó una roca de gran tamaño, tenga presente que ese lugar puede volver a inundarse antes de los próximos 20 años, o su casa pueda quedar bajo una gran roca o el barro.

Desde el punto de vista urbano, un área que está sujeta a riesgo natural puede ser modificada de tal manera que puede ser habitada tomando precaucionetemporal agosto 2s que conllevan obras civiles (que generalmente tienen un alto costo). Lamentablemente, aún somos un país en vías de desarrollo, que invierte poco o muy poco en estas obras, por lo tanto, debemos ser cautos con elegir sectores para vivir que posean algún grado de huella causada por el agua y el barro.

Las obras civiles que se construyan (muros de piedra o enrocado, gaviones, o atrapa sedimentos) pueden generar algún tipo de desvío de la corriente cuando baje por el cauce principal, pero si el fenómeno natural supera la condición de diseño de la obra civil, ésta puede fallar, destruyendo la obra misma y lo que esté a su paso. ¿Cómo puede ocurrir tal situación? La respuesta es simple, para construir una obra civil de este tipo, se realizan los cálculos hidráulicos para que pueda resistir “un evento de cierta magnitud”, cuyo precio ya es alto. Si bien se podrían construir obras resistentes a todo fenómeno (incluso el máximo posible), el costo de ésta podría ser de 100 veces más, limitando la construcción de estas obras a ciertos lugares, dejando otros sectores sin protección, hasta lograr tener presupuesto para ello.

De esta manera, las obras civiles que se construyen no son para evitar el desastre sino para mitigar o suavizar los efectos del desastre, y permitir que las personas salven con vida ante una avenida. Dicho de otra manera, estas obras buscan darnos tiempo para escapar y ponernos a salvo, pero no nos hacen invulnerables ante la naturaleza.

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Nuestra planificación urbana ha evolucionado al nivel en el que las Municipalidades entregan permisos de edificación en lugares que estén libres de desastres naturales producidos por deslizamientos, crecidas, avalanchas, y otros. Si existe algún nivel de riesgo, solicitará estudios técnicos que indiquen lo contrario o que informen de las medidas de mitigación necesarias para la construcción.

Ante la posibilidad de sortear una nueva área residencial para comprar o construir su vivienda, tenga presente algunos simples pasos:

  • Sea un investigador: observe el área, observe los árboles, edificaciones, rocas, canales, y pregúntese por donde pasa el río cuando crece, a pesar que hoy está seco. No descarte entre sus preguntas la siguiente: ¿Cómo llegó cierta roca a cierto lugar?
  • Sea un periodista y un historiador: busque y pregunte al más anciano del barrio cuan seguro es el lugar y si recuerda algún desastre que haya ocurrido. Le ayudará a construir la historia.
  • Sea un ciudadano: consulte en la municipalidad y realice su construcción teniendo el permiso de edificación correspondiente. Más tarde podrá enrolar su propiedad y asegurarla ante otros desastres como incendios.

Finalmente, no olvide que las exigencias de la autoridad pueden resultar insuficientes ante condiciones climáticas extremas. Cada uno de nosotros es también responsable de no olvidar que el agua y el barro tienen buena memoria.

Autor: Ing. Mauricio Cartes, MCs.